La pregunta que más nos hacen sobre el seguro de vida no es cuánto cuesta, sino por cuánto asegurarse. Contratar una suma demasiado baja deja a la familia a mitad de camino; una demasiado alta encarece la prima sin necesidad. Esta es una forma sencilla de estimarla.
1. Los años de ingreso que hay que reemplazar
Parte de tu ingreso anual neto y multiplícalo por los años durante los cuales tu familia dependería de él. Un criterio habitual es cubrir hasta que el hijo menor termine sus estudios o hasta que la pareja alcance su propia estabilidad económica.
2. Las deudas pendientes
Suma el saldo del crédito hipotecario, los créditos de vehículo, los de libre inversión y los saldos de tarjetas. El objetivo es que nadie herede una obligación.
3. Los gastos que llegan de una vez
Incluye gastos funerarios, trámites sucesorales y un fondo de emergencia que permita a la familia tomar decisiones sin apuro durante los primeros meses.
4. Lo que ya tienes
Ahora resta: ahorros disponibles, inversiones líquidas, cesantías y cualquier cobertura que ya tengas —por ejemplo, el seguro de vida grupal de tu empleador o el amparo de vida asociado a tu hipoteca—.
La fórmula, resumida
(Ingreso anual × años a cubrir) + deudas + gastos inmediatos − activos y coberturas actuales = suma asegurada estimada.
Es un punto de partida, no un veredicto. Conviene revisarlo cada vez que cambie algo importante: un hijo, una hipoteca, un cambio de ingresos o un divorcio. Si quieres, hacemos el ejercicio contigo y comparamos lo que ofrecen distintas aseguradoras.